Educar a los niños en una alimentación sin restricciones: aprender a comer con libertad

Desde pequeños recibimos muchos mensajes sobre la comida: “eso es malo”, “de eso no puedes comer mucho” o “si te terminas las verduras, podrás comer el postre”. Aunque muchas veces se dicen con la intención de cuidar su salud, estos mensajes pueden hacer que los niños empiecen a relacionarse con la comida desde la prohibición, la culpa o el miedo. Educar en alimentación no consiste únicamente en enseñar qué alimentos comer, sino también en ayudar a construir una relación tranquila y flexible con la comida.

¿Por qué es importante normalizar todos los alimentos?


Cuando dividimos los alimentos entre buenos y malos, o entre permitidos y prohibidos, podemos transmitir la idea de que algunos deben evitarse y otros son un premio.


Además, cuando un alimento se convierte en algo prohibido, puede adquirir todavía más atractivo y generar una sensación de urgencia cuando está disponible.


Normalizar la presencia de diferentes alimentos, incluidos aquellos que suelen considerarse menos saludables, puede ayudar a reducir esa sensación de escasez y favorecer una relación más flexible con la comida.


Esto no significa que todos los alimentos tengan que estar disponibles en cualquier momento ni que debamos dejar toda la responsabilidad en manos de los niños. Significa que podemos ofrecer variedad y estructura sin recurrir a restricciones innecesarias.


Acompañar sin controlar


Los niños necesitan que los adultos les proporcionemos una alimentación suficiente, variada y adecuada a sus necesidades. También necesitan espacio para desarrollar su autonomía y aprender a reconocer sus señales de hambre y saciedad.


Podemos encargarnos de qué alimentos ofrecemos, cuándo y dónde comemos, mientras les permitimos decidir cuánto comer, respetando sus señales corporales y sus preferencias dentro de ese entorno.


Por eso, obligarles a terminar el plato, utilizar el postre como recompensa o prohibir determinados alimentos no son las únicas formas de acompañar su alimentación.


Podemos ofrecer alimentos nuevos sin presionar, presentar diferentes opciones y permitir que aprendan mediante la exposición repetida y el ejemplo.


La forma en la que hablamos de comida también importa


Frases como “esto engorda”, “hoy me he pasado” o “mañana tengo que compensarlo” transmiten mensajes sobre cómo debemos relacionarnos con la comida.


Los niños aprenden tanto de lo que les decimos como de lo que observan en nosotros. Por eso, revisar nuestro propio lenguaje y evitar asociar los alimentos con la culpa, el peso o el valor personal también forma parte de su educación alimentaria.


Educar para la confianza, no para el control


El objetivo no es conseguir que los niños coman perfectamente ni que elijan siempre los alimentos que consideramos más saludables. Es ayudarles a crecer entendiendo que pueden disfrutar de la comida, escuchar a su cuerpo y tomar decisiones sin miedo ni culpa.


Una relación saludable con la comida no se construye desde la prohibición, sino desde la confianza, la flexibilidad y el acompañamiento. Dar espacio a todos los alimentos, sin convertirlos en premios ni en amenazas, puede ser una forma de ayudarles a construir esa relación desde la infancia.



 

Inés Guijarro, nutricionista clínica integrativa especializada en trastornos alimentarios y salud emocional

Psicoterapia y Salud Integradora 

Quiero mi cita con Inés