Imagina un iceberg. Una parte del hielo sobresale del agua, visible, y otra —mucho más grande— permanece sumergida.
La parte visible representa los síntomas que traes a consulta, aquello que te incomoda o interfiere en tu día a día. La parte sumergida simboliza las vivencias, recuerdos y aspectos de tu personalidad que sostienen esos síntomas.
Por eso, como psicoterapeutas, trabajamos en todas las capas del iceberg de las personas.
La psicoterapia puede ser un espacio para parar, mirar con calma y comprender qué está ocurriendo, acompañándote en el proceso de comprender todas tus capas, atenderlas con compasión y aprender a abrir nuevos caminos de relación hacia ti, y hacia los demás.
Para lograrlo, nos adaptamos a ti y a la dificultad que desees trabajar: desde una psicoterapia integradora.
Esto significa que no aplicamos una única terapia a todas las personas. Escuchamos tu historia, tus necesidades y tu momento vital para construir contigo el proceso que tenga sentido para ti.
Integramos diferentes enfoques y herramientas, entre ellos: terapias de tercera generación, EMDR, sistémica, humanista, psicodinámica, … Además del trabajo de apego, trauma y trauma complejo, trabajo emocional y corporal, y otras herramientas como caja de arena y técnicas de externalización.
Exploramos tanto tu presente como aquello que forma parte de tu historia.
Porque comprender el origen no significa quedarse en el pasado. Significa poder entender mejor el presente y elegir qué quieres hacer diferente a partir de ahora.
Este espacio esta indicado tanto para nuestros pacientes como para el público general.
Si tienes otra necesidad, ¡Plantéanosla!
Grupo terapéutico para sanar la relación con la comida y con la imagen corporal, con acompañamiento integral; psicología y nutrición.
Taller de atención plena para incorporar el mindfulness y los anclajes en tu día a día.
Dirigido al público general y a pacientes.
Próxima fecha Enero 2027
Estas son algunas de las dificultades y síntomas que trabajamos en terapia:
Crisis de ansiedad, angustia, estrés crónico, cortisol elevado.
Miedo constante, pensamientos obsesivos, hipervigilancia.
Pérdida de interés, desgana, llanto frecuente, depresión.
Sensación de vacío o falta de sentido.
Inseguridad, autocrítica excesiva, autoestima.
Dificultad para poner límites.
Fertilidad, posparto, duelos perinatales y adaptación a la crianza.
Fallecimiento o muerte de un ser querido, duelos.
Rupturas de pareja, cambios drásticos de vida.
Conflictos de pareja, Comunicación difícil, celos, infidelidad, dependencia emocional.
Dificultad para manejar discusiones, tomar decisiones.
Saturación por trabajo (burnout), estudios, exigencias personales.
Desconexión emocional o física.
Abuso, negligencia, experiencias traumáticas, heridas emocionales.
Trastornos alimentarios y dificultad en la aceptación de la imagen corporal.
Fobias, miedos.
Querer comprenderse mejor y vivir con más coherencia.