En ocasiones estamos esperando sentir que la decisión es correcta, sin dudas, pero muchas decisiones importantes se parecen más a “no puedo saberlo del todo, pero con lo que sé hoy, esto es lo que elijo.” Y es muy diferente. No estamos eliminando la incertidumbre, estamos aprendiendo a decidir dentro de ella.
Decidir está muy relacionado con pensar, meditar opciones, pero también tiene que ver con sentir, con emociones: miedo, deseo, culpa, tristeza, ilusión, duelo, esperanza, y a veces, incluso, conflictos internos: “una parte de mí quiere irse y otra necesita quedarse”; y no se trata de ver qué parte tiene razón, sino de aprender a decidir aunque ambas estén presentes.
¿Y qué viene después de elegir?
Parece que una buena decisión es aquella de la que no vamos a arrepentirnos, y que nos va a proporcionar tranquilidad en seguida. Pero realmente… podemos tomar una buena decisión y tener miedo, y echar de menos lo que dejamos atrás, porque elegir implica renunciar a otras oportunidades.
Crecer trae consigo aprender a vivir con falta de garantías.
No siempre nos cuesta tomar decisiones porque no sepamos qué queremos, a veces nos cuesta porque elegir significa renunciar, asumir incertidumbre y hacernos responsables de una vida que no podemos controlar completamente.
En Clínica Adarma te acompañamos en tu toma de decisiones.
Rocío Bazo – psicóloga sanitaria sistémica. Psicoterapeuta de parejas e individual
Psicoterapia y salud integradora
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