La trampa de los propósitos perfectos
Cuando llega el inicio de año, es fácil dejarse llevar por el “este año sí”. Aparecen frases como “voy a ser constante”, “esta vez no lo voy a dejar” o “tengo que cambiar de vida”. El problema no es querer cuidarte, sino cómo te hablas y desde dónde te planteas esos cambios.
- Sueles marcarte objetivos rígidos, cuantificados al milímetro, sin dejar espacio a imprevistos, descanso o etapas de menor energía.
- Cuando no los cumples al 100%, no revisas si el objetivo era realista; das por hecho que tú eres el problema.
- El mensaje interno se vuelve duro: “no tengo fuerza de voluntad”, “yo no valgo para esto”, “siempre abandono”.
Así, lo que empezó como un propósito se convierte en un juicio constante sobre tu valor personal.
Enero, dietas y efecto rebote
Pocas cosas están tan normalizadas como “empezar la dieta en enero”. Después de unas semanas de comidas más festivas, el discurso social se llena de compensaciones, detox y “operación limpiar excesos”.
Detrás de esa vuelta a la dieta hay varios efectos secundarios frecuentes:
- Ciclos de restricción y atracón: cuanto más te prohíbes, más aumenta el deseo, el descontrol y la culpa cuando “caes”.
- Aumento de la obsesión: contar calorías, pesar cada gramo, revisar constantemente el cuerpo; la comida deja de ser algo cotidiano para convertirse en una especie de examen diario.
- Daño en la relación con tu cuerpo: si el objetivo es solo adelgazar, cualquier cambio de peso se vive como éxito o fracaso, reforzando la idea de que tu valor está en la báscula.
Además, las dietas repetidas se asocian a más malestar psicológico, más sensación de pérdida de control y, paradójicamente, a más inestabilidad del peso a largo plazo.
Hay otra forma de plantearte cambios
Proponerte comer mejor o moverte más no es incompatible con cuidar tu salud mental, al contrario: puede ser una oportunidad para hacerlo de forma más amable.
Algunos matices importantes:
- Cuidar tu alimentación no significa vivir a dieta. Significa incluir alimentos que te nutren, sí, pero también respetar el hambre, la saciedad y el placer de comer.
- El placer no es un premio ni un “permitido”; es una parte necesaria de una relación flexible y sostenible con la comida.
- El deporte puede ser un espacio de conexión con tu cuerpo, no un castigo: puedes empezar con metas pequeñas, adaptadas a tu energía, sin compararte con nadie.
En lugar de “voy a perder X kilos” o “voy a ir al gimnasio todos los días”, puedes preguntarte:
- ¿Qué pequeños cambios podrían hacer que mi día a día sea más amable?
- ¿Cómo podría acercarme a moverme o alimentarme de una forma que me haga sentir mejor, no peor?
Te propongo, un propósito diferente para este año
Quizá este año el propósito no tenga que ser una nueva dieta ni un calendario de entrenamiento imposible. Tal vez el cambio real esté en la relación que tienes con la comida, con tu cuerpo y con el deporte.
- En vez de proponerte “comer perfecto”, puedes proponerte revisar qué lugar ocupa la culpa cuando comes.
- En vez de exigirte “entrenar sin fallar”, puedes plantearte explorar formas de movimiento que te resulten agradables y sostenibles.
Y, si te resuena, puedes hacerte esta pregunta:
¿Por qué no me propongo, como propósito de año nuevo, mejorar mi relación con la comida o con el deporte?
En Clínica Adarma es posible trabajar estos temas desde un enfoque respetuoso, sin dietas, sin castigos y cuidando tanto tu salud física como tu bienestar emocional. Si sientes que quieres cambiar, pero no quieres volver a entrar en el bucle de la restricción y la culpa, podemos acompañarte en ese proceso.
Inés Guijarro, nutricionista clínica
Psicoterapia y Salud Integradora