Hoy te traemos el duelo perinatal, un proceso emocional complejo que se produce tras la pérdida de un bebé durante el embarazo, el parto o poco tiempo después de nacer, y que requiere un acompañamiento sensible y especializado.
Antes de comenzar hablando sobre el duelo perinatal, vamos a establecer en qué situaciones se considera:
-
Pérdida gestacional temprana (aborto espontáneo, generalmente antes de la semana 12).
-
Pérdida gestacional tardía (a partir de la semana 12).
-
Muerte fetal intrauterina (en cualquier momento del embarazo).
-
Muerte neonatal temprana (desde el nacimiento hasta los primeros 7 días de vida).
-
Muerte neonatal (hasta los 28 días de vida).
-
Interrupción del embarazo por causas médicas (malformaciones graves, riesgo para la madre, etc.).
Cuando un bebé muere durante el embarazo o poco después de nacer, el mundo se detiene. En un instante, todo lo que era esperanza se convierte en silencio. Ese silencio que pesa, que incomoda, que muchas veces el entorno no sabe cómo sostener y rellena con frases poco acertadas como: “bueno, ya sabes que te puedes quedar embarazada”, “eres jóven”, “ya tienes un hijo”, invalidando totalmente a la madre.
Durante años, el duelo perinatal ha sido un duelo invisible.
No se habla, no se pregunta, no se nombra. A veces ni siquiera se reconoce. Frases como: “perdió un embarazo”, “expulsó los restos”… expresadas desde el lenguaje médico y social, palabras totalmente impersonales a un hijo que sí existió, a una historia que sí comenzó.
Pero cada bebé que no llegó a nacer como se esperaba tiene un lugar en la familia, un espacio en el corazón y en la memoria de sus padres.
La muerte de un hijo es un hecho trascendente, que deja huella en el cuerpo, en los vínculos y en la identidad. Porque ese bebé que no llega a vivir, sí ha existido y ha dejado huella en la madre, en el padre, en los hermanos, en toda la familia.
Desde la mirada perinatal, hablar de muerte es también hablar de amor.
Cada historia de duelo está entretejida con el vínculo que se creó durante el embarazo: los sueños, los movimientos, el nombre elegido, las canciones cantadas antes de dormir.
Ese amor no desaparece con la muerte; se transforma, busca nuevos lugares donde habitar.
Comprender el duelo perinatal implica mirar más allá de lo individual.
Desde la psicología perinatal lo abordamos con una mirada ecosistémica: el duelo no pertenece solo a la madre o al padre, sino que atraviesa a toda la familia, al sistema sanitario, a la sociedad. Involucra cuerpos, historias y generaciones. Necesita espacios de cuidado y de palabra, de acompañamiento respetuoso, de rituales que ayuden a integrar la pérdida y dar significado a lo vivido.
Acompañar un duelo perinatal no es “arreglar” el dolor, sino hacerle sitio.
Estar presente sin huir. Escuchar sin tratar de consolar con frases vacías. Nombrar al bebé, reconocer su existencia, legitimar la tristeza y el amor que persisten.
Hablar del duelo perinatal es también hablar de vida. De la posibilidad de sanar colectivamente, de tejer redes entre mujeres, parejas y profesionales que eligen mirar el dolor sin miedo, desde el respeto y la ternura. Porque, como recuerda Ibone Olza, “si huimos del dolor, también huimos del bienestar; si huimos de la muerte, huimos de la vida.”
Si estás viviendo una pérdida…
No hay una forma correcta de vivir este duelo. No hay tiempos exactos.
Solo la certeza de que tu amor por tu bebé sigue vivo, de que tu historia importa, y de que no estás sola.
Alba Martín, psicóloga sanitaria
Si estás atravesando un duelo perinatal y necesitas acompañarte, te espero en tu espacio, en Clínica Adarma
Psicoterapia y Salud Integradora